Una hidratante con color no es un maquillaje, aunque lo parezca al abrir el bote. Es una crema de tratamiento (hidrata, a veces lleva filtro solar, a veces activos antiedad) a la que se le añaden pigmentos para unificar el aspecto de la piel. Cubre menos que una base y se nota menos encima, y por eso perdona bastante al elegir el tono. Pero perdona, no es invisible: si te pasas de oscuro se te queda la cara más apagada que el cuello, y si te quedas corta se ve el rojo de las aletas de la nariz asomando por debajo.
Aquí tienes lo que conviene mirar para acertar sin tener que probarte diez botes. Para el resto de criterios, tienes la guía completa de cremas hidratantes con color.
Mira primero el tipo de pigmento, no el número del bote
Las hidratantes con color se dividen en dos familias que funcionan de maneras muy distintas, y confundirlas es la causa más frecuente de que una crema «no te vaya».
- Pigmento fijo: el tono viene ya decidido de fábrica, igual que en una base de maquillaje. Suele venir en varios tonos (claro, medio, oscuro) y lo que ves en el bote es más o menos lo que te vas a poner en la cara. Aquí sí importa clavar el tono.
- Pigmento adaptable o encapsulado: el bote parece todo del mismo color (muchas veces un beige rosado o un tono raro) y al extenderlo las microcápsulas se rompen y sueltan el pigmento. En esta familia el tono preocupa menos; preocupa más la cantidad que te pongas.
Si no quieres complicarte con cartas de tonos, los adaptables son el camino corto. Si buscas más cobertura y un acabado uniforme, los de pigmento fijo cumplen mejor, pero toca elegir bien.
Averigua tu subtono antes que la intensidad
La mayoría de la gente se fija primero en si es «clara» u «oscura» y luego descubre que el tono le queda naranja, gris o rosa. El orden útil es el contrario: primero el subtono (el fondo del color de tu piel), luego la intensidad.
Un truco que funciona razonablemente bien, a plena luz del día y sin maquillaje:
- Mira las venas de la cara interna de la muñeca. Si las ves azuladas o moradas, tu subtono tira a frío. Si las ves verdosas, tira a cálido. Si no lo tienes claro, probablemente seas neutro.
- Piensa en cómo reaccionas al sol. Si te pones roja antes que morena, encajas más en frío. Si coges color con facilidad y sin quemarte mucho, cálido.
- El oro y la plata: con cuál te ves mejor la cara. Plata, frío; oro, cálido; las dos te valen, neutro.
Con eso ya puedes descartar la mitad de los tonos de cualquier gama. Los nombres suelen dar pistas: «ivory», «porcelain», «rose» o «cool» apuntan a fríos; «beige», «sand», «honey», «golden» o «warm», a cálidos; «natural» y «nude» a veces son neutros, aunque no siempre.
La intensidad: la del cuello, no la del dorso de la mano
El error clásico es probar el tono en el dorso de la mano. Esa zona está más expuesta al sol que la cara y suele ser más oscura, así que acabas eligiendo un tono demasiado tostado. La referencia buena es la línea de la mandíbula bajando hacia el cuello: ahí es donde se nota si la crema «corta» o se funde. Si al difuminar un poco en esa zona no se ve dónde empieza y acaba, el tono es tuyo.
Y pruébalo con luz natural, cerca de una ventana. La luz cálida de las tiendas tira el color a amarillo y la fría a gris; las dos mienten.
Cuenta con que la piel cambia a lo largo del año
En invierno la cara pierde un poco de color y los subtonos fríos se marcan más. En verano, aunque uses protección, sueles ganar medio tono o uno entero. Si vas a comprar un solo bote, elige pensando en el momento en que lo vas a usar más; si lo vas a estirar todo el año, el tono medio de tu gama suele ser el apaño razonable, aunque en los meses extremos te quede algo justo o algo claro. Hay quien tiene dos botes, uno más claro para invierno y uno más tostado para verano, y los mezcla en primavera y otoño: funciona, pero solo compensa si usas hidratante con color a diario.
El tipo de piel también manda en el tono percibido
Dos personas con el mismo color de piel pueden ver el mismo bote de forma distinta porque el acabado cambia según la textura. En las pieles secas, los pigmentos se agarran a las zonas descamadas y el tono se ve más apagado y desigual; conviene exfoliar suave antes y buscar fórmulas con glicerina o ácido hialurónico, que son humectantes y ayudan a que el color asiente parejo. En las pieles grasas, el sebo oxida algunos pigmentos a las pocas horas y el tono vira ligeramente a naranja; ahí interesa elegir medio tono menos del que crees necesitar, porque va a «subir» a lo largo del día. Si tienes dudas sobre qué fórmula te conviene por textura, en cremas hidratantes para piel seca y en el apartado de cremas hidratantes faciales está separado por tipo de piel.
Si lleva protección solar, el tono se complica un poco
Las fórmulas con filtros, sobre todo las que llevan filtros minerales (óxido de zinc, dióxido de titanio), tiran a dejar un velo blanquecino que se nota más en pieles medias y oscuras. Si estás eligiendo entre varias cremas con color y SPF, prueba una pequeña cantidad y espera un par de minutos: el blanqueo tarda en aparecer. Para ir sin maquillaje por la calle con una hidratante con color y filtro, mejor fórmulas con filtros químicos o mixtas, que suelen quedar más neutras. Si no tienes claro qué factor te hace falta para el día a día, en la guía sobre qué factor de protección necesitas en ciudad está desarrollado.
El color del bote miente
El pigmento concentrado en el envase casi siempre se ve mucho más oscuro de lo que acaba quedando en la cara, porque al extender una capa fina pierde intensidad. No descartes un tono porque «parece muy oscuro» en el bote; tampoco te fíes de que «parece clarito». Si puedes, abre el bote y pon una gota del tamaño de un grano de arroz en la mandíbula, difumina y espera un minuto. En un minuto el color asienta, se oxida ligeramente y ya se ve de verdad cómo va a quedar. Si aún no tienes bote, mira la sección de cremas hidratantes con color.
Qué hacer si entre dos tonos no te decides
Casi siempre merece la pena quedarse con el más claro. Un tono por debajo se corrige fácil mezclándolo con una gota de base de maquillaje más oscura. Un tono por encima no hay forma de aclararlo sin aguar la fórmula, y aguada deja de hidratar como debe. Pasa lo mismo con el subtono: entre un frío y un neutro, el neutro; entre un cálido y un neutro, también el neutro. Los neutros disimulan los errores de pulso.
Y una última: una hidratante con color no sustituye al cuidado del contorno ni al tratamiento específico de noche. Si buscas tapar ojeras, necesitas un corrector; y para cuidar esa zona, el contorno de ojos tiene fórmulas pensadas para ella, que es más fina y se mancha de otra manera. Y por la noche, aunque te apetezca dejarte el color puesto, la piel se recupera mejor con una crema facial de noche sin pigmentos.